Experiencias de Hannah


La primera vez que entré en contacto con las complejidades de la lengua española, fue en el otoño del 2011, mientras trabajaba como voluntaria en Santuario, una ONG que provee servicios legales para los inmigrantes indocumentados en el Area de la Bahía. Yo estaba tomando “Español 102A Gramática y Composición Avanzada, con la profesora Barili, y a través del aspecto de aprendizaje de servicio del curso, nos dieron la oportunidad de traducir, coordinar y ayudar a las personas que vení a Santuario, y conectarlos a ayuda y representación legal. Era la primera vez durante mis años en Cal que yo estaba aprendiendo un tema, y a la vez sentía como que estaba usando todas las partes de mi cerebro y mi corazón, pensando y sintiendo de una manera que se enriquecen mutuamente entre sí. Yo estaba usando la compasión, la frustración, la confusión, y el intelecto para descomponer y analizar piezas literarias de décadas antes de mi nacimiento, así como los autores contemporáneos, y relacionar todo en un proceso de ir y venir desde mi voluntariado con personas reales en el Santuario.    “Español 102A” abrió otra válvula en mi mente que comenzó a ser testigo de una conexión entre el mundo académico y el alma.

En el pequeño espacio de la oficina de esa organización no gubernamental a la que tantas familias de inmigrantes y refugiados van en busca de ayuda, mis compañeros y yo respondimos llamadas telefónicas, saludamos a nuevos clientes, y actuamos como intérpretes en las reuniones de abogado / cliente. Voluntarear en Santuario  nos permitió mirar de cerca las formas muy reales en las que la lengua española interactúa con las cuestiones sociales, y es una fuerza integral para cambiar el futuro para un nuevo inmigrante en los Estados Unidos. Empecé a ver de primera mano cómo el lenguaje podría proporcionar una llave para puertas previamente cerradas. Esta experiencia, aunque yo no lo sabía en ese momento, tendría un gran impacto en dónde iba a encontrarme algún día a mí misma como consejera de la migración en la ciudad de Nueva York.

En el momento en que yo estaba tomando la clase, empecé crear el   Programa de Empoderamiento Juvenil, (YEP Youth Empowerment Program) una organización con sede en nuestro UCB campus que ofrece una red de apoyo y esperanza a los jóvenes inmigrantes detenidos en en el Area de la Bahia, en instalaciones  y Juvenile Halls,  conectándolos a los jóvenes immigrantes detenidos en las prisiones conalumnos de Cal que les puedan servir como amigos y modelo de conducta. Con el apoyo y la participación de algunos de mis compañeros de clase, así como de la profesora Barili, la organización creció hasta casi veinte estudiantes que hicimos visitas bimensuales a un centro de detención en Fairfield, California, apenas cuarenta y cinco minutos al norte de Berkeley. Sin lugar a dudas, esta fue una de las partes más gratificantes de mi educación en UCB. Junto a estos jóvenes, hablamos de comunidad, escribimos poesía, comimos buena comida. Reímos. Y a veces lloramos, mientras nosotros, los estudiantes de Cal, volviamos en nuestro coche de nuevo a Berkeley conversando sobre los jovenes en prision. A veces nuestra impotencia pesaba sobre nuestros hombros al final de una visita, dejándonos con sólo el silencio y la autopista para el viaje a casa. En esas conversaciones con los jovenes inmigrantes encarcelados por falta de papeles, empecé a ver cómo el idioma español, las palabras que salen de mi boca y misteriosamente evocan la emoción y la comprensión en los demás, tiene un impacto muy visible.

Hannah 1.png

Foto: Los miembros fundadores del Programa de Empoderamiento Juvenil, después de ganar el concurso de las grandes ideas en la Universidad de Berkeley.

Apenas unos meses más tarde, me gradué de Cal y viajé a Viña del Mar, Chile, para completar mi licenciatura en español en el extranjero. Tomé clases sobre cine y sociología, pero anhelaba ese tipo extendido de aprendizaje, que había experimentado con Santuario y con YEP: el aprendizaje que viene con la sensación de la presencia de los demás, escuchar una historia acerca de la persona que está diciendo, y la comprensión de la historia a través de los que la viven. Terminé como voluntaria en un orfanato para niños en una zona rural de Chile. Allí conocí a un muchacho de quince años de edad, de nombre Alfredo que vivía en el orfanato. Él me enseñó acerca de la paciencia y la frustración de ser identifcado como un adolescente gay en su país, cómo su identidad sexual le llevó a más y más puertas cerradas a portazos en su vida. Casi ninguna escuela secundaria le aceptaría, él luchaba para viajar con seguridad en el transporte público, y no tenía idea de donde él se encontraba con sus padres. Lo invité a que fueramos juntos a un concierto de  Lady Gaga durante su primera actuación en Chile, y aceptó. Al salir del concierto, se subió al autobús simplemente como chico de quince años de edad, sudoroso y exhausto de tanto bailar. No era más que un niño. Mi ensayo final para mi clase de cine en la Universidad de Viña del Mar me pedía que caracterizara mi experiencia en el extranjero. Pensé en los temas que había aprendido en la clase de la profesora Barili–cómo el integrar experiencias dentro y fuera del aula, nos ayuda a dar sentido a nuestra posición entre diferentes culturas, personalidades, países.

Cuando volví a la zona de la bahía, tomé un trabajo como Directora de Educación en el Treasure Island Boys & Girls Club . Este trabajo me desafió de muchas maneras. Aprendí allí  acerca de las necesidades académicas de una población que era geográfica y económicamente muy aislada del resto de San Francisco. Después de que la sede del club fue cerrada de forma permanente, comencé a trabajar con jóvenes del Fillmore District de San Francisco. En esa posición, creé programas académicos estimulantes, trabajé con las escuelas para responder a las necesidades de los estudiantes en el aula, y trabajé con organizaciones comunitarias locales para dar a los jóvenes la oportunidad de crecer y aprender junto a sus barrios. Como educadora, empecé a ver más y más cómo el aprendizaje interactua con otras áreas de la vida– cómo baloncesto puede ser una herramienta para la enseñanza de las matemáticas, y el voluntariado una herramienta para la escritura creativa.

Hannah2.png

Recycled art project created by elementary school youth at Ernest Ingold Boys & Girls Club (Links to an external site.) in honor of Martin Luther King Day.

Proyecto de arte reciclado creado por jóvenes de la escuela primaria del Ernest Ingold Boys & Girls Club en honor del Día de Martin Luther King.

Después de cerca de dos años en el Club de Niños y Niñas, me sentí preparada para otro cambio en mi vida. Yo quería volver a trabajar con los menores no acompañados, como lo había hecho con el Programa de Empoderamiento de la Juventud. En noviembre pasado, acepté un puesto de Consejero de Migración con Servicios Comunitarios de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Nueva York . Como consejera, trabajo con la población indocumentada en la ciudad de Nueva York. Ayudo a las personas que aplican para ayuda con su situacion como inmigrantes, les informo sobre las políticas actuales que pueden ser aplicables a sus circunstancias, y les ayudo a acceder a estos servicios sociales. Una gran parte de mi trabajo consiste en servir a las víctimas de la violencia doméstica, y de otros delitos graves, la persecución en sus países de origen, y la trata de personas. A menudo me vuelven imágenes de mi trabajo en Santuario  al  recordar que cada persona que cruza nuestras puertas, cada individuo que necesita hacer una consulta o un “intake” (primera entrevista para abrir su caso), tiene su propio muy complejo e importante conjunto de necesidades, de expectativas, de historia y experiencias. Me conmueve y me intriga mi trabajo, y me siento inspirada por estas personas que se enfrentan a la adversidad con valentía y autoridad. Me inspiran por su capacidad y esfuerzo para proteger a sus hijos, para ser agentes activos en encontrar y reunificar a su familia–algunos que huyeron de la violencia antes, o despues, que ellos–y en luchar por la educación, por la oportunidad, y por su derecho a trabajar y pagar impuestos.

Español 102A de la profesora Barili me desafió a considerar y recordar que hay múltiples maneras de ver las situaciones complejas y los eventos actuales. Descubrí diversas maneras de expresarme, y la necesidad de perfeccionar mi uso de la lengua española para hablar claramente y profesionalmente, con el fin de ganar convicción y sensibilidad en mi escritura. Empecé a ver la lengua española, y el lenguaje en general, como una herramienta importante que podría aproximar a las comunidades, e incluso a enemigos. Veo cómo el lenguaje ayuda a las personas a encajar en leyes y normas que en gran parte pueden ser acuerdos entre países o sociedades diferentes. Al convertirme en una aprendiz activa en Español 102A, recibí el don de ser capaz de mirar hacia adentro e identificar donde yo estaba y lo que sentía por todo. Como mi trayectoria profesional continúa desarrollándose, tengo la intención de aferrarme a estas lecciones e ideas, y continuar evaluando situaciones e historias con consideración, compasión, e intención de servir.

Anuncios